PETRAEUS: seguridad nacional, celos y lamentos
Juan Pablo Crespo / jcrespo@panodi.comUn “affair” acabó con la reputación de uno de los generales más exitosos en las últimas décadas en Estados Unidos. Los investigadores indagan sobre si entre él y su amante hubo filtración de información clasificada. De ser así, la Casa Blanca enfrentaría una situación bastante incómoda.
Las investigaciones que adelantan instituciones como el FBI y el Pentágono alrededor del escándalo de adulterio que involucra al exdirector de la CIA y exjefe de las tropas en Irak y Afganistán, David Petraeus, amenazan con arrojar nubarrones sobre el Gobierno encabezado por el presidente Barack Obama.
La relación extramatrimonial que mantuvo el considerado héroe de la guerra de Irak con su biógrafa Paula Broadwell, pudo ser uno más en la lista de altos jerarcas que han sucumbido por líos de falda, pero cuando el tema de la seguridad está de por medio, en un país como Estados Unidos, el caso alcanza dimensiones superiores y enciende las alarmas de la inteligencia.
“Esto demuestra que todo hombre, por más general que sea, es vulnerable, por ello la seguridad nunca es un valor absoluto de alcanzar”, explicó desde Argentina, Luis Somoza, analista en temas de seguridad internacional. “Permanentemente hay que actualizar los mecanismos de seguridad necesarios para que el Estado pueda sentirse seguro. Por ello, cuestiones tan mínimas, como lo puede ser una debilidad humana, pudiera transformarse en algo de importancia de Estado”, agregó.
El temor sobre que la aventura haya comprometido información clave sigue en el ambiente. Hasta ahora se sabe poco al respecto, aunque habrá que esperar el resultado de las investigaciones.
Sin embargo, Sumoza señaló: “Los países tienen mecanismos no oficiales como para neutralizar los posibles daños que alguna persona despechada, o por algún amor no correspondido, pudiese realizar. Por ejemplo, y no digo que esté ocurriendo con el caso Petraeus, a la persona poseedora de filtraciones se le pudiera hacer llegar algún metamensaje respecto con dar a conocer determinados secretos logrados en la alcoba”.
En el campo castrense de EE UU, el adulterio es considerado un delito de acuerdo con el artículo 134 del Código de Justicia Militar. Entre otras cosas, el artículo señala que una relación fuera del hogar desacredita a las Fuerzas Armadas.
Un desliz como el de Petraeus se paga caro. A principios de noviembre se vio obligado a renunciar a su cargo, tras reconocer el romance. Paralelamente, su carrera militar se vino al piso, así como la de la propia autora de la biografía titulada “All in: The education of general David Petraeus”.
Tras indagar en la casa y en la computadora de Broadwell, los federales encontraron documentos confidenciales que ahora están en manos del departamento de Defensa. ¿Se filtró información clasificada que pueda poner en peligro la seguridad nacional estadounidense? Eso es precisamente lo que se aclarará sin dejar ningún cabo suelto.
Petraeus, uno de los comandantes más sobresalientes en los últimos años en su país, aseguró tras su dimisión que no suministró datos valiosos.
“Esta es una crisis de proporciones mayores (...). Esto es un asunto de seguridad nacional”, llegó a declarar el congresista Peter King, del partido Republicano y jefe del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes”.
Hace poco más de un mes, el secretario de Defensa, Leon Panetta, pidió a los jefes militares revisar los cursos de formación en ética para los oficiales de alto rango a fin de evitar que se repitan casos como este.
Se presume también que Petraeus pudo utilizar las ventajas que su cargo le ofrecían para favorecer la relación sentimental extramatrimonial. Así por ejemplo, vuelos en aviones y hoteles de lujo compartidos con Broadwell, una mujer de 40 años, casada con un radiólogo, madre de dos hijos, experta en estrategias para luchar contra el terrorismo, con estudios en la Academia Militar de West Point y en la universidad privada de Harvard, la más antigua y una de las más prestigiosas de Estados Unidos.
Broadwell estuvo tres años escribiendo el libro sobre Petraeus. Uno de esos años, por cierto, lo pasó en Afganistán, donde registró cada detalle del protagonista de la biografía, incluyendo el estilo de mando del general.
Antes, a Petraeus se le adjudicó la creación de un nuevo modelo para hacerle frente a los rebeldes en Irak. La nueva estrategia fue muy efectiva y terminó por catapultar su brillante carrera militar.
La llamada doctrina Petraeus, que comenzó a forjarse cuando se hizo cargo de la escuela de oficiales del Ejército en Fort Leavenwoth, en 2005, estaba dirigida, entre otros aspectos, a brindarle seguridad a la población del país árabe.
Fue así como llegaron a Irak 30 mil soldados adicionales y se logró una reducción significativa de la violencia y del número de víctimas civiles. La relativa estabilidad que se logró le permitió al expresidente George W. Bush iniciar la retirada progresiva de las tropas en aquel país.
Tras culminar su misión de casi dos años en Irak, Petraeus fue designado jefe del Comando Central de Estados Unidos y luego, en 2010, asumió las riendas en Afganistán. Su paso por el mundo castrense llegó a su fin cuando se jubiló en agosto del año pasado. Luego asumió la jefatura de la Agencia de Inteligencia de EE UU, mundialmente conocida como CIA, a la que tuvo que renunciar tras su “affair”.
La biógrafa lanzó el libro de Petraeus en enero de 2012, y desde entonces ha sido un éxito de ventas. En la presentación de la obra literaria aseguró que tuvo un acceso con el general incomparable. Detalló que, incluso, participó en reuniones de alto nivel durante la guerra en Afganistán.
El exjefe de la CIA y Broadwell se conocieron en 2006, en Harvard, donde Petraeus se presentó para dar una conferencia a los estudiantes. “Me presenté al entonces teniente general y le hablé de mis temas de investigación”, escribió la exmayor del Ejército en la biografía.
De allí en adelante, Broadwell inició sus contactos, entrevistas y viajes.
El diario Washington Post publicó las palabras de un excolaborador de Petraeus, que testificó sobre el caso. “Encontré que su relación con él era desconcertante”.
Para esconder su romance, el exgeneral de cuatro estrellas y Broadwell utilizaron un método para evitar el rastreo de sus comunicaciones, aunque en el fondo se trató de una jugada poco segura, quizás hasta ingenua porque en el fondo es muy difícil no dejar huella electrónica. Además, el Gobierno estadounidense puede interceptar cualquier correo privado sin orden judicial.
El método consistió en crear los mensajes, pero nunca enviarlos, sino guardarlos en la carpeta de borradores para tratar de no dejar rastro.
Luego podían ser leídos simplemente entrando a la cuenta con nombres de usuarios falsos.
Se trató de un truco común entre los adolescentes e, incluso, llegó a ser practicado por grupos terroristas para evitar que sus “emails” fueran interceptados.
Así, el ciberespacio fue el lugar donde se escondieron y alimentaron el amorío, pero no por mucho tiempo porque terminó siendo la plataforma de sus respectivas desgracias. No deja de sorprender cómo el exdirector de la agencia de espionaje más poderosa del planeta no supo cómo camuflar las evidencias de su desliz.
Unos celos incontrolados de Broadwell destaparon todo: Jill Kelly, amiga de Petraeus, casada con hijos y quien vive en Tampa, Florida, fue amenazada por correo electrónico por Broadwell para exigirle que se alejara de él. Fue de esta manera cómo el FBI dio con el origen de la ciberamenaza. “¿Quién te crees que eres?”, “apártate de mi camino”, fueron parte de los escritos dados a conocer.
Al profundizar en la cuenta de Broadwell, el FBI se encontró con los borradores con los que Broadwell y Petraeus se comunicaban.
Hay que recordar, además, que como consecuencia de los atentados terroristas de 2011, el Gobierno puede leer todas las comunicaciones que considere sospechosas, entre ellas, los correos electrónicos. El FBI y el Pentágono tienen autoridad para monitorear esas comunicaciones privadas a través de las redes.
Luego vino una serie de críticas contra el FBI por no haber informado oportunamente sobre la investigación al presidente Barack Obama, quien fue notificado un día después de las elecciones presidenciales del seis de noviembre. “Al parecer este asunto (de la investigación) ha durado meses y, sin embargo, ahora parecen decir que el FBI no se dio cuenta de la implicación del general Petraeus hasta el día de las elecciones. Simplemente no tiene sentido”, aseguró hace unas semanas el representante Peter King, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes.
Petraeus no tardó en reconocer su romance y lamentarse por lo sucedido. “Fue una enorme falta de juicio el involucrarme en una relación extramatrimonial. Ese comportamiento es inaceptable, como esposo y como líder de una organización como la nuestra”.

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